Las cargas de la vida adulta
Nada más peligroso que un adulto frustrado. Y nada más tenebroso que las fantasías sin cumplir de un adulto fracasado. Nadie prepara al jóven, lleno de ambiciones e ideales, para la gris y patética vida adulta. Esto podrá sonar un poco extraño a quien la fortuna sonríe, pero ¿Acaso la vida adulta no está cargada de preocupaciones y responsabilidades? ¿Acaso no nos asechan las penurias económicas? A medida que entramos en esta etapa, la presión social, cual yugo, aumenta y aumenta sobre nosotros. Se sienten sus nudos en nuestro cuello. Cada vez se esperan más cosas de un adulto. Las normas sociales (como las que rijen en el matrimonio, con los hijos o en el trabajo) se vuelven asfixiantes. El hastío baudelairiano se convierte en el pan nuestro de cada día. Nos volvemos esclavos, más esclavos que nunca, del reloj. Tic tac, hora de levantarse, hora de comer, hora de ir a soportar el tráfico, y un triste "etc". Lo peor es cuando nos estrellamos contra el muro de la jerarquía y ...